La soldadura es un proceso muy utilizado para la unión de materiales metálicos. Existen diferentes métodos mediante los que se puede realizar este proceso, éstos se distinguen entre sí tanto por las herramientas que utilizan como por los materiales que intervienen en él, de esta manera encontramos dos grandes categorías de soldadura: la heterogénea y la homogénea. Actualmente, gracias a las múltiples aplicaciones que se le puede dar, pues permite la unión entre materiales de diferente naturaleza, la soldadura heterogénea es ampliamente utilizada.

Al hablar de soldaduras heterogéneas nos referimos a un grupo de diferentes técnicas empleadas para soldar, en las que los materiales a unir son de distinta naturaleza, ya sea que se emplee un material metálico de aportación o no. Partiendo del uso de materiales de aportación identificamos dos tipos de soldaduras heterogéneas: blandas y fuertes, en las que se emplean aleaciones de metales con diferentes puntos de fusión.

Por un lado, la soldadura fuerte, a la que también se le conoce como soldadura amarilla o dura, consiste en someter materiales de aportación a temperaturas de hasta 800°C, principalmente para unir piezas metálicas que tienen que resistir esfuerzos muy grandes y temperaturas muy elevadas. Mientras tanto, la soldadura blanda emplea temperaturas por debajo de los 400°C y tiene aplicaciones principalmente en el campo de la electrónica y en fontanería, para soldar componentes a placas de circuitos y para unir tuberías o reparar grietas.

Como ya mencionamos, en las soldaduras pueden emplearse materiales de aporte, estos materiales suelen ser aleaciones metálicas, por lo regular de estaño con otro elemento. En el caso de las soldaduras blandas lo más común es que se emplee una aleación de estaño con plomo que tiene su punto de fusión a los 230°C, mientras que en las soldaduras fuertes se usa más comúnmente la aleación de estaño con plata, o bien de cobre con cinc.

Las soldaduras de estaño tienen una extensa variedad de aplicaciones en diferentes industrias y, aunque son conocidas por ese nombre, en realidad se trata de aleaciones de este metal con otros elementos. La aleación de estaño y plomo es el tipo de soldadura más común, y en caso de que se necesiten mejorar las propiedades mecánicas del material de aportación se puede añadir a esta aleación antimonio. La aleación de estaño y plata es utilizada para soldar instrumentos de trabajo delicados, la de estaño con cinc se emplea para soldar aluminio y la de estaño con bismuto es muy utilizada en electrónica. También existen soldaduras de aleaciones entre otros elementos, como la de plomo y plata, la de cadmio con plata ampliamente utilizada para unir cobre y aluminio; la de cadmio y cinc que se usa para unir aluminio, y la aleación de cinc y aluminio también utilizada para la unión de aluminio gracias a que es muy resistente a la corrosión.

Para garantizar soldaduras de estaño de calidad es necesario que se elijan las herramientas adecuadas según el tipo de aplicación que se le va a dar. Como ya mencionamos, son muchos los usos que reciben las aleaciones de estaño con otros elementos para soldar, pero el campo en el que se distingue es en la electrónica, gracias a que permite realizar conexiones entre conductores y diversos componentes garantizando la máxima seguridad de contacto.

Hablando específicamente de las aplicaciones de la soldadura de estaño en electrónica se emplean soldadores de potencia reducida que presenten gran seguridad de funcionamiento y durabilidad. Éstos se caracterizan por presentar una punta de cobre que se calienta mediante una resistencia eléctrica y están disponibles en forma de soldadores de lápiz y soldadores de pistola. El material de aportación empleado es una aleación de estaño con plomo, en proporción del 60 y 40% respectivamente, en presentación de hilo. Además se emplea una sustancia conocida como pasta de soldar que contribuye a la distribución uniforme del estaño sobre las superficies a unir.

El estaño es utilizado en soldaduras por ser un metal maleable, resistente a la corrosión y que no se disuelve en agua. Además lo podemos encontrar en jabones, colorantes, aditivos para alimentos, perfumes, dentífricos, tintas, envases, preservativos de madera, plásticos, cañerías, plaguicidas, en repelentes de roedores y en forma de compuesto orgánico e inorgánico en la naturaleza. Sin embargo, es un elemento tóxico por lo que se debe tener especial cuidado en su manejo, ya que por un contacto continuo con él en su forma natural y en diferentes compuestos se pueden generar diferentes problemas de salud y también contaminar el medio ambiente.

Para evitar los problemas que se derivan de la presencia de este metal existen depósitos de chatarra metálica a donde se pueden llevar los restos de soldaduras de estaño, aparatos y diferentes objetos que contengan este material una vez que han cumplido su tiempo de vida útil. En estos lugares se aprovecha el metal reintegrándolo en plantas de fundición de metales. Esta medida, además de permitir ahorrar en los costos de inversión que requiere la operación de procesos de extracción del estaño y su procesamiento, contribuye al cuidado del medio ambiente y reduce los riesgos de exposición a este metal a través del contacto con chatarra derivada de las diversas aplicaciones que se le da. Por lo anterior, si cuentas con restos de soldaduras de estaño o deseas adquirir éste y otro tipo de aleaciones te recomendamos que acudas a un depósito especializado.

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