¿Se puede hacer arte con chatarra?

Más allá de los servicios de venta de materiales para fundición, uno de nuestros propósitos es la revaloración de los desperdicios como un insumo que puede ser igual de valioso para la construcción y que de la misma manera puede ofrecer los mismos resultados que cualquier otro elemento nuevo. Así, no sólo generamos beneficios económicos sino también ambientales.

En la actualidad, hay un elemento que une a todas las empresas industriales y es el de apoyar y desarrollar herramientas de producción que no afecten al planeta. Durante mucho tiempo se han sobre-explotado los recursos naturales, acciones depredadoras que sin duda han comenzado a afectarnos a distintos niveles. Afortunadamente estamos en el justo momento para reparar los daños sin que esto implique la disminución de nuestra calidad de vida. La reutilización es una actividad fundamental de estas nuevas estrategias sustentables, además de ser la más practicada hasta ahora.

Dentro de este panorama, la chatarra cobra gran relevancia, porque en este sentido se trata de ya no verla como basura o con un sentido peyorativo, sino la oportunidad de aprovechar cada gramo de los metales que producimos o extraemos. Esto ha permitido la aplicación de los materiales reciclados en diversos campos, ya no sólo de la producción sino también de recreación.

El día de hoy vamos a revisar una de las aplicaciones más interesantes que se le ha dado al desperdicio metálico: su utilización como materia prima para proyectos artísticos. ¿Suena extraño, no es así? Sin embargo, muchos artistas contemporáneos han comenzado a revitalizar las propuestas empleadas hace algunos años por las vanguardias, quienes no sólo rompieron las técnicas tradicionales, sino que incorporaron nuevos materiales a los ambientes de trabajo.

Los dos casos que vamos a conocer el día de hoy son similares por la implementación de desperdicios en el trabajo escultórico, pero los fines y motivaciones de ambos, si bien no se contraponen, responden a distintas necesidades y naturaleza. De esta manera también podemos echar un ojo a la gran diversidad de disparadores que pueden surgir para tal o cual acto, comprobando la gran influencia que tienen los metales en nuestra civilización. Iniciemos por el artista norteamericano Joe Pogan, y que actualmente reside en Aloha. Su especialidad son las esculturas de animales, que va conformado con distintas piezas de metal que encuentra en la calle, en la playa, en los lugares a donde va a comer o en alguna parte de su casa.

Si la pieza es rara, es mucho mejor para él, pues desde su perspectiva le ayudan a darle un toque único a su trabajo. Ese toque se trata de los distintos niveles apreciativos que cobra la pieza ya que conforma una imagen compleja que puede ser contemplada en su generalidad o de manera particular cuando vamos descubriendo los detalles que son propios de cada una de las piezas ensambladas por Pogan.

Pare él es un procedimiento muy cuidadoso en el que lleva mucho tiempo, y aunque nunca hubo una intención directa de sustentabilidad, su propósito al utilizar estos materiales es principalmente para darle las texturas que busca a cada una de las piezas como una manera de representar, de manera figurada, la complejidad de las estructuras que permiten nuestra vida. Después de todo, todo ser vivo está compuesto de engranajes que necesitan de la interacción con otras piezas para realizar sus acciones cotidianas.

En México también existen varios artesanos urbanos que utilizan la fundición de chatarra para realizar piezas escultóricas trabajando con imágenes un poco más estabilizadas, pues trabajan con la materia en su estado primo, que finalmente es vertida en moldes. Sin embargo, quisiéramos hablar de un acercamiento un poco más orgánico al tratamiento de la misma como un elemento artístico.

Fernando Miranda trabajaba en un taller de serigrafía y desarrolló otros oficios en Tijuana antes de caer a una fuerte adicción a las drogas. Esta situación también tuvo un impacto muy fuerte en la relación con su familia. En esa situación extrema fue que comenzó a vivir en un terreno baldío en donde edificó una rústica vivienda que sólo permitía guarecerse de las inclemencias del clima.

Entonces, poco a poco comenzó a hacerse de un hábito muy curioso: recoger todas las cosas que la gente desechaba en las calles y comenzar la edificación de una estructura que en lugar de cimiento estaba constituida básicamente por basura y chatarra. Era una manera de mantener su mente ocupada. Cuando la estructura ya no le resultaba interesante, la derruía para luego, unos meses después, comenzar una nueva edificación. Muchos lugareños veían la construcción confundidos, pues no parecía tener ningún fin práctico, sobre todo por los materiales que eran usados en su construcción.

Algunos artistas de la localidad llegaron a pensar que se trataba de algún espectáculo o performance, pero Miranda alude que sólo se trata de una necesidad natural por crear estructuras como una manera de terapia o simplemente era una forma de acallar los impulsos que residían en su mente. Nunca se ha considerado un artista, sin embargo, esta pieza ha llamado la atención de tantas personas que ha comenzado a formar parte del imaginario social y la imagen urbanística de Tijuana.

Si bien, en Mecomsa nos dedicamos a la aplicación de chatarra para fines industriales, nos parece importante hablar de estas otras alternativas que nos ayudan a ver cómo el hombre se relaciona directamente con los elementos que utiliza y cómo pueden ser empleados para cumplir diversas funciones dentro de la sociedad.

Antes de despedirnos, te recordamos que si necesitas comprar o procesar desechos metálicos de manera sustentable, no dudes en contactarnos. Nosotros te ayudaremos en todo el proceso de recolección.

¡Hasta la próxima!

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